#Opinión ‘El Hoyo’ y cómo hablar de socialismo con tu hijo adolescente

Entre pandemia, caos y el inminente fin del mundo, el día de ayer tome una hora y media de todo el tiempo libre que el Covid-19 nos ha obsequiado para subirme al tren de las tendencias en redes sociales y descubrir porque tanto se habla de la película española ‘El Hoyo’ en Netflix.

Debutando en la plataforma en este primer trimestre del 2020, ‘The Platform’ (título en inglés) narra como en el futuro, los prisioneros se alojan en celdas verticales, observando cómo los presos de las celdas superiores son alimentados mientras los de abajo mueren de hambre. Una jungla de supervivencia donde solo hay tres tipos de personas: los que están arriba, los que están abajo y los que deciden saltar, incapaces de soportar esa agonía por más tiempo.

Para abordar la obra del director Galder Gaztelu-Urrutia, sería interesante analizarla desde tres perspectivas: La que aborde las analogías a las corrientes filosóficas políticas como el socialismo y el capitalismo; la que ahonde en las alegorías al mito y tradiciones propias del cristianismo y la que tome los elementos más importantes de su producción y los examine en términos de calidad cinematográfica.

Como crítica social, ‘El Hoyo’ no es más efectiva que otras obras menos conocidas (pero no por ello de menor calidad) como lo son ‘Rebelión en la Granja’ (basada en la novela del mismo nombre escrita por George Orwell) de 1954 o incluso ‘Soylent Green’, de 1979 y más asociada con la ciencia ficción, ambas fuertes críticas (ubicando su mensaje a la época en que se desarrollaron) a temas que nunca pasan de moda como lo son el consumismo, el socialismo y el capitalismo, por citar algunos. Algo en lo que ‘El Hoyo’ si resulta exitosa es en demostrar lo sencillo que es impresionar a una generación fundada en la era de las redes sociales y las modas fugaces con mensajes poco sutiles y reflexiones imparciales emitidas desde el lado opuesto de la cancha. Como criticar al capitalismo desde tu Iphone 11.

Por otro lado, esta misma falta de sutileza en su mensaje es precisamente un aspecto que muchos consideraran positivo pues es sencilla de digerir, por más pretenciosa que esta resulte ser, y garantiza la recepción de su mensaje sin esforzarse lo suficiente.

Desde el punto de vista religioso, aunque menos explicitas, ‘El Hoyo’ aprovecha una serie de referencias e imágenes con una fuerte carga de influencia religiosa (específicamente la cristiana), inclusive Goreng, el personaje principal interpretado por Ivan Massagué, guarda fuerte parecido con la caracterización de Jim Caviezel en ‘La Pasión de Cristo’ del 2004 rumbo al final del filme, con el rosto cubierto en sangre. Términos como “Mesías” y “Sacrificio”, tapizan el guion en el último tercio de la película. Números de connotación divina como el 333, la “palabra” o “mensaje” del mesías e incluso el sacrificio de Goreng para que su mensaje ascienda y trascienda. Estas alusiones son mucho más inteligentes que su crítica social, en mi muy humilde opinión y, por ende, aportan más al folklore que Gaztelu-Urrutia intenta crear con esta quizá, su obra más reconocida.

Por último tenemos su trabajo cinematográfico: uno pensaría que, con una escenografía poco demandante y un vestuario sencillo, él cineasta tendría mucho más tiempo, recursos e ingenio para enfocarse en la fotografía, sin embargo, en ‘El Hoyo’ este es un recurso poco demandado. Incluso las tomas donde aparece la plataforma con el increíble festín del que solo los primeros niveles son participes o aquellas donde la misma luce vacía, presentan oportunidades imperdibles para regalarnos postales envidiables o nauseabundas, pero ni con todos sus abundantes platillos en las sobrecargadas tomas logran despertar el apetito. Eso si; a la película le doy todo el merito de haber despertado mi ansiedad: Hay momentos en el filme en que aún que puedes predecir lo que va a suceder, no te sientes listo para enfrentarlo o mejor aún, los hechos dan un salto de 180 grados y te dejan en el asiento con una sensación intranquila que no desaparece hasta el final.

Los personajes, por otro lado, sin mucho trasfondo, no representan un verdadero reto para el elenco que los encarno, pero entre toda esta lastimera caravana de actuaciones podemos destacar el trabajo de Zorion Eguileor, el viejo Trimagasi, que con su indiferencia y retorcida serenidad ante los primitivos instintos que los niveles más bajos en el hoyo despiertan en sus inquilinos, se convierte sin problemas en el personaje más carismático de esta obra, “obvio”.

Finalmente, el diseño de producción esta bien cuidado, sin más. Es un trabajo cinematográfico muy superior a mucho de lo que estamos acostumbrados a ver en México. Incluso, sin el inconfundible acento de España, la película bien podría pasar por una producción original de Netflix en Hollywood.

En resumen, ‘El Hoyo’ es una producción recomendada para los fanáticos de este especifico genero de las películas de suspenso con tramas profundas (o que intentan serlo) y de cuadros viscerales. Ideal para que un domingo de cuarentena te sepa a gloria, agradecido de no estar encerrado en un complejo similar.

About Carlos Ríos 1554 Articles
Editor en jefe y fundador de Nerd Inc. Amante del entretenimiento. Poeta de medio tiempo, tarado de tiempo completo.

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