#OPINIÓN “¡Madre!”, Aronofsky regresa para dividir a la audiencia en interpretaciones

Desde el primer día, he enfocado mis columnas de opinión en apreciar el trabajo estético y argumental de las muchas películas que me ha tocado reseñar en los últimos años, sin embargo, con ¡Madre! me gustaría abordar estas líneas desde una perspectiva distinta.

Independientemente del trabajo del director Aronofsky dentro de la sala de cine, una de las particularidades que más llamo mi atención de la película vino al momento de salir de la función. Escribiendo mis comentarios para Paramount al respecto de la obra, rodeado de muchos otros corresponsales de distintos medios nacionales y figuras públicas, escuche como cada uno tenia una definición distinta de los simbolismos que el director utilizó en ¡Madre! para contar su historia. Alegorías a la divinidad, un discurso contra la misoginia, vaya, incluso la crisis de refugiados era citada entre los asistentes como su interpretación particular. No había mucho en lo que coincidiéramos unos con otros, y donde una película logra polarizar de tal forma la opinión de la crítica me parece que hay un trabajo al que debe seguirse de cerca.

En lo que si pudimos coincidir es que la manera en que el director Darren Aronofsky cuenta su historia (cualquiera que esta sea realmente) es visualmente impactante, tensa y en ocasiones, visceral. Una película con cámara dinámica y planos sobre la protagonista sin nombre (Jennifer Lawrence) que generan una tensión perpetua pues al compartir la misma perspectiva que ella, nunca sabes lo que encontraría al girar la cabeza. La actuación de Lawrence es sin duda la más exigente de la película y demuestra porque es la más prolífica de la industria hoy en día. El resto de los personajes también carecen de un nombre, connotaciones claras a que su elenco no esta en escena para contar la historia de un hombre, sino una a la que cada espectador pueda ponerle nombre, rostro y contexto.

Los efectos de sonido son otro elemento importante en ¡Madre!. Avanzado el filme, con la intriga y la incertidumbre en sus puntos cumbre, incluso el énfasis sobre el sonido del agua corriente resulta casi escatológico. Por otro lado, aunque la casa es sin duda un ‘personaje’ más, las tomas en su mayoría desde la perspectiva de Lawrence entorpecen la apreciación del escenario en su totalidad, salvo por una o dos excepciones en las que que por obvias razones no vamos a profundizar.

A partir de este punto es posible que te encuentres con spoilers. Si deseas continuar leyendo que sea bajo tu propio riesgo.

Por mi parte, creo que la interpretación de la cinta es algo más sencilla de lo que realmente quiere parecer. El artista (o poeta en este caso) tiene como fuente de inspiración el amor, la vida y la muerte. La casa en llamas de la que habla el personaje de Jennifer Lawrence al principio de la película no es otra cosa que el anterior matrimonio fallido del personaje de Javier Bardem, donde la hermosa piedra que cuida en su estudio representa como a pesar de su separación el corazón de su ex-pareja permaneció siempre devoto a el. Con Lawrence, Bardem comienza el ciclo de nuevo. Ella reconstruye desde las cenizas la vida que se vino abajo del poeta luego de su primer éxito y comienza un proceso de entrega y devoción en el que el amor que ella siente por el jamás se equiparará al que él siente por su obra y en particular, la admiración cual deidad de sus lectores.

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Left to right: Javier Bardem as Eli and Jennifer Lawrence as Grace

Bardem toma todo de ella para concluir su nueva obra. La deja trabajar en ‘construir’ un lugar ‘seguro’, que ella intenta los comprometa por siempre y más, algo que en lo que el evidentemente no tiene interés, razón por la que no quiere formar un vinculo ni una familia con ella, pues es solo una musa más. Con el nacimiento de su hijo, encuentra una fuente de inspiración insospechada, que en combinación con el resto de las experiencias en la película lo lleva a culminar su nuevo trabajo. Este resulta en un nuevo gran éxito para el escritor que le roba de las manos a Lawrence cualquier posibilidad de una vida juntos.

Aunque bastante visceral, la forma en que los seguidores del poeta le arrebatan y… (vean la película) es la manera en que el director expresa como su primogénito se convirtió en nada más que un producto de mercadotecnia más. Su fuente de inspiración, que le entrego al mundo y alejo de su madre.

Finalmente y a pesar de todo, el corazón de ella aún latía por él, y antes de comenzar todo de nuevo, se lo entrega para que exhiba como fotografía antigua sobre una repisa en el estudio.

Si me lo preguntan, en mi opinión muy personal esta obra no guarda mucha diferencia con la exitosa Black Swan también de Aronofsky en la forma en que para crear, los artistas primero deben destruir; así mismos y a los que los rodean.

No es una película para todo público pero sin duda es una obligada para los amantes de salir de una función pensando.

 

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Editor en jefe y fundador de Nerd Inc. Amante del entretenimiento. Poeta de medio tiempo, tarado de tiempo completo.

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